¡Señor, Perdóname cuando me lamento!

Hoy, en un autobús, vi a una bella muchacha de cabello rubio, la envidié… Y deseé ser así de bonita.

De pronto, cuando se puso de pie para irse, la vi cojear por el pasillo.

Tenía sólo una pierna y usaba muletas; sin embargo, al pasar… ¡qué sonrisa!…

¡Oh, Dios mío, perdóname cuando me lamento!… Tengo dos piernas ¡El mundo es mío!

Me detuve a comprar unos dulces. El muchacho que los vendía era tan encantador.

 
Conversé con él. Se veía tan contento. Si me retrasaba, no habría problema.
 
Y cuando me iba, me dijo: "Se lo agradezco. Ha sido usted muy amable.
 
Es grato conversar con gente como usted. ¿Sabe? -dijo-, soy ciego".

¡Oh, Dios mío, perdóname cuando me lamento!… Tengo dos ojos ¡El mundo es mío!

Después, al ir caminando por la calle, vi a un niño con ojos de cielo.

 
Estaba de pie y observaba a otros niños que jugaban.
 
Parecía indeciso. Me detuve un momento y le dije: "¿Por qué no vas y juegas con ellos primor?"
 
Siguió viendo hacia enfrente sin decir nada y entonces me di cuenta de que no podía oir.

¡Oh, Dios mío, perdóname cuando me lamento! Tengo dos oídos…

 
¡El mundo es mío, con pies que me llevan a donde quiero ir, con ojos para ver los colores del atardecer,
 
con oídos para escuchar lo que deseo saber!…

¡Oh Dios mío, perdóname cuando me lamento! En realidad soy una afortunada ¡El mundo es mío!

 

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Una respuesta a ¡Señor, Perdóname cuando me lamento!

  1. JOSE VIRGILIOJ dijo:

    Bien

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